En este mundo de panes de molde e ingentes cantidades de desperdicios alimenticios, el “zatico” tan recurrido en la literatura antigua, ha desaparecido de la mente y del uso, pero -por fin- la Academia reconoce su origen en el euskera tras siglos de palos de ciego porque los eruditos querían orígenes nobles para sus voces y los que siguieron de cerca a Antonio el de Lebrija, no encontraban en la latinidad fuentes convincentes.
Gonzalo de Berceo en el siglo XIII, es la primera cita encontrada:
«Fue a Sancta María el barón benedicto,
non falló pan en ella, nin otro ningunt victo,
demaní dava limosnas como romero fito,
todos li davan algo, qui media qui çatico»
Usada profusamente en los siglos siguientes, Covarrubias, a principios del XVII, se debatía entre si creer a su asesor de árabe, el Padre Guadix, que lo relacionaba con “çadaq”, mendigar o a los que proponían origen hebreo, pero ni asomo de parentesco con el vasco, aunque cualquier párvulo vizcaíno se lo podía haber transmitido.
En la imagen siguiente, cita de Covarrubias.

Fue otro Esteban, el apellidado Terreros, que tenía antecedentes familiares en la Encartaciones de Vizcaya, quien primero explicó en su Diccionario, que “çatico” estaba relacionado con “zato”, zoquete, mendrugo en vasco:

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Luego, hace casi un siglo, otros como Azkue lo certificaron y por fin el Instituto Cervantes lo asumió,
induciendo a la Academia a aceptarlo y darle publicidad: “’Çatico’ o ‘zatico’ es palabra en desuso, proveniente del vasco, que significa mendrugo o trozo de pan”.
