Lugar, hoy en día más conocido por el Club Náutico que se construyó en los años setenta en un “caño” o barra continental, el lugar correspondía inicialmente a una larga y fina barra paralela a la costa, de dos kilómetros de larga, que en su extremo de levante mostraba una roca enhiesta y un arrecife de rocas, las típicas “rocas ostioneras” que se ven desmembradas en esta foto aérea.

Este nombre con apariencia latina, no se puede desligar de Chiclana, apelación de una antigua aldea de pescadores, que los sabios discuten si viene de una finca de un tal Ceciliano (romano premiado con un “fundus”) o -quizás de Cipiannus o de Sicculus…-, ¡fiebre que da por seguro que cientos de localidades que terminan en “ana, ena, ano”, son de origen latino y derivados de los nombres de fincas que pertenecieron a prohombres meritorios para Roma!
Sancti Petri se traduce oficialmente, como de origen latino y significado rotundo, “de San Pedro”, pero es probable que el nombre sea muy anterior al primer Papa pescador, siendo originalmente algo que sonaba así entre los nativos y quienes recorrían estas costas desde hace -al menos- seis mil años: “sandi pet arri”, donde “sandi” es la parte arenosa más larga y estrecha (mapas siguientes, el segundo de los cuales muestra la Isla de Sandinere en Urdaibai), en épocas más conspicua que ahora y en la parte suroriental, “pet” equivale a desmoronado, desgajado y “arr i”, roquedo; en resumen, el roquedo desgajado de la manga de arena.


Volviendo a Chiclana, así anda la latinidad, asignando nombres “a la brava” mientras se ignoran los mensajes de arroyos y sierras llamados Chiclana, Sierra de Chiclana en el Norte de Sevilla (imagen siguiente), Fuente Chiclana (en la Sierra de Almaraz), La Chiclana en Albacete, La Huerta de Chiclana a la vera de una roca en Jaén, las Lomas de Chiclana en Santisteban del Puerto y en lo más alto de Cazorla, el Tollo de Chiclana, en Baza, lugares donde nunca pudo haber fincas de romanos, sino peñascos cortados…

O la Chiclana de Segura, población al este de Jaén, con su áspera sima y muela homónimas… y la Chiclana “entre morras” cerca de Hellín… Estos lugares y unos cuantos cientos más que comienzan con “chi…”, parecen haber sufrido una aféresis muy frecuente que suele hacer perder la “a” inicial de los nombres originales que comenzando con “achi…”, indicaban una abundante presencia de rocas y una fisiografía brava.
Con esos nombres ligeramente alterados, coexisten otros en los que el formante “chib, chiv, chip”, e incluso variantes como “cig, chic, xic”, parecen no haberse alterado más allá de lo que la grafía ha impuesto y una gran parte de los cuales suelen estar relacionados con venas, surtidores o masas de agua subálveas o mareales; así:
Xicago es un lugar pantanoso en el delta del Ebro:

Txipios es una marisma residual del río Butrón en Bizkaia

Chiccana un lugar anexo a las marismas de Foz ahora desecado, la ruta de Los Chiviteros en Zamora muestra numerosas surgencias… Foto siguiente.

La misma Chipiona, a un paso de Chiclana, aún tiene en sus mayores el recuerdo de un rosario de pozos y norias que sacaban el agua dulce remansada bajo las antiguas dunas.

Laguna de la Cigarrera, en Lebrija…

Así que, para entender el nombre de la Chiclana marinera, no basta con hurgar entre los antropónimos latinos buscando que la flauta suene por casualidad, sino que conviene analizar el territorio de este municipio y fijarse en sus elementos más destacados.
Por ejemplo, se ha partido de los ensayos de mapas 1:50.000 de la primera década del siglo XX, donde se observa Chiclana al borde de un amplio (y profundo “caño”), mientras la práctica totalidad del resto del territorio son marismas, que hace 2.000 años eran aún más extensas, lo que hace imposible que hubiera “fundus”, “quintas” ni mansiones de ciudadanos romanos ricos, porque esa era entonces una zona de mariscadores y pescadores de esteros y algunas barcas, con muy pocos labrantíos. Imagen siguiente y de portada.
En este caso, “chic” se referiría a las aguas de cierta profundidad de la red de caños, “cala” (profundo) y la parte final podía referirse a la colina llamada “Espartosa”, que se cierra por oriente con un acantilado, “aña” que mira al “Llano de las Maravillas”, morfema que en un 80% de las ocasiones ha evolucionado a “ana”, quedando “chic cala ana” con el significado de “la muela de los caños profundos”

En muchos nombres de lugar conocidos se sigue conservando “cala”: Calancha, Escalante, Calanda, Calanes, Calandra, Calandria… mientras en otros se ha compactado a “cla”: Clamor, Clamores, Clavero, Clavel, Ricla, Yecla… y cientos de Clara y Santa Clara en todos los cuales el formante “cala, cla” suele indicar elementos o accidentes de morfología elevada o profunda.
En conjunto, el nombre de esta Chiclana comprendería estos dos elementos estructurales, los profundos caños y la muela o colina de La Espartosa, cortada por oriente en el mirador que domina el “Llano de las Maravillas”, una soberbia atalaya precursora de los acantilados del río Roche y del Pinar Punto Mágico de Chiclana. Foto siguiente.

