Bogie. Etimología.

Esta palabra técnica que apenas se usa fuera del argot ferroviario, ha sido sacada de su anonimato desde el accidente de los dos trenes de alta velocidad en Córdoba, al encontrarse uno de los bogíes del “Iryo” lejos del lugar de la colisión, en un arroyo.

Para quienes estudiábamos Ingeniería de Obras Públicas era parte de nuestro argot, pero hacía más de cincuenta años que no la oía. Creo recordar que el profesor de Ferrocarriles nos dijo que era francesa y aún hoy en día en los ambientes académicos se sigue diciendo que llegó del francés…, si bien los escoceses quieren que sea suya y que procede del diminutivo de “bogle” (fantasma, espíritu…), pero la oficialidad del Reino Unido no reconoce esa paternidad y dice que es “of unknow origin”.

Lo que si es cierto, es que cuando los vagones de tren comenzaron a ser más largos, fueron los británicos los primeros en usar esos “carros cortos de soporte”, para que los coches pudieran seguir las curvas de la vía y es lógico que fueran ellos quienes popularizaron el nombre, no siendo de extrañar que no le vean relación alguna con el fantasma de los escoceses.

Nosotros tampoco.

Revisadas una veintena de idiomas, apenas el esperanto, irlandés, lituano y letón tienen esta voz en su repertorio, significando lo mismo que en el antiguo escocés, esto es, espectro. También el polaco, donde significa diosa, pero el euskera tiene una similar que hace más de cien años que no se usa, por ser un elemento de una tecnología ancestral, pero cuya función es bastante parecida a la de los bogíes, por lo que no es imposible que “bogi a”, que designaba en las ferrerías al gozne o sostén central del “gabigun”, el gran mango que en su extremo tenía el martillo de forjar.

En la siguiente figura se ve un esquema de ese tipo de forja, donde las levas del eje principal hunden a su paso la cola del gran martillo para elevar la otra punta, que en su caída trabaja el hierro incandescente.

La estructura central de dos piezas que soporta el eje del martillo es lo que se ha llamado “bogi a” en vasco, al menos desde la baja edad media y remeda en cierta forma a los bogíes del tren, al soportar la pieza activa, el martillo, en dos puntos.

En las imágenes siguientes, un esquema y foto de una de las forjas (El Pobal) que aún trabajan y pueden ser visitadas.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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