No es fácil encontrar cartografía de detalle de la zona de Alarcón anterior a la construcción del embalse homónimo (señalado con un triángulo) ni del de Picazo; esta es editada en 1939, pero seguramente, los datos diez años anteriores.
El inigualable castillo y las cuatro calles que forman el pueblo, se ajustan en una espectacular y peraltada península, que en conjunto se antojan inexpugnables y que tiene antecedentes iberos, lo que quiere decir que fue un punto recurrido, antes incluso que la llegada de los romanos.

La cultura academicista, siempre propensa a proyectar los nombres de lugar sobre expresiones de lenguas escritas, ven en Alcorcón un claro caso de nombre árabe, bien sea porque (dicen) se parece a “La Fortaleza” (alqaleat), bien porque lo hace a “El Recodo” (almuneataf). El caso es que los sabios de paga vitalicia se cansan poco en buscar en otros yacimientos que en papeles y pergaminos viejos escritos por otros tan vagos y pretenciosos como ellos, así que es impensable que se molesten en buscar que aporten algo en cartografías y documentos civiles, ni que salgan de ese vicio tan poco científico para abrirse a una prehistoria que recorrió valles y montes para llamar a cada rincón por aquello en lo que destacaba.
Un somero recorrido por los mapas de la península, además de más de media docena de pueblos de su entorno que llevan la coletilla Alarcón, deja nombres como Arcón en Lugo, donde el árabe no tuvo mucho juego, un Barranco de Alarcón sin castillo ni recodos en el Cabriel, varios Cerros de Alarcón, Pozuelo de Alarcón, varios Cortijo de Alarcón, Coto Alarcón, Loma de Alarcón en el Albacete meridional, Navajo de Alarcón, incluso Paredazos de Alarcón en el Campo de Criptana, pero también los hay sin acento, como Alarcones, Alarconas y Antorchas, Cerro y Castillo de Alarcos sobre el Guadiana, en Ciudad Real (imagen siguiente), Los Alarcones o la Peña Larco en Las Omañas.
Limitado al país vasco y Navarra, hay una docena de “Larrako” y variantes, forma que cualquier párvulo que aprenda euskera traduce como “del pastizal”, por el sufijo locativo “ko” y “larra”, pradera, herbazal, nombres cuya metátesis puede dar “alarko”.
Además, es necesario considerar, no solo que nuestro Alarcón puede haber sufrido alguna variación, sino que hay otros muchos nombres de lugar con elementos semánticos parecidos, que pueden dar pistas sobre esas posibles evoluciones.
Si se tiene en cuenta que en toponimia es frecuente tanto la mutación de “ala” en “aya”, “aia” y “allá”, como la inversa y que el adjetivo vasco “aiar” equivale a un ambiente xerofítico, seco o marchito, hay numerosos lugares como Allariz, Allarrón, Ballara, Navallar, Pallars, Gargallar, Gallardo, Los Allares, Gallar, Aiardi, Aiarza, Gaiarre, Saiar, Albayar, Ayaran, Bayar, Sayar, El Hayar, Onayar, Payar…, que pudieran haber dado en “alar…” como el propio Alarcón que pudo originalmente ser “Aiarcón”, siendo su significado, “La joroba, el montículo seco”, condición que parece evidente a tenor de cartografía e imágenes antiguas y recientes..
Vista artística de principios del XIX del roquedo y castillo desde el acceso a la puerta Sur de la muralla, imagen de portada y otra reciente del alcor y parte del castillo y pueblo, desde el Júcar.

