En latín se encuentran dos acepciones para la arena: “arena” y “sabulum”, ninguna de las cuales es genuinamente latina.
La primera, es un préstamo del euskera “har ea”, literalmente piedra triturada (“har”, piedra y “ea”, trituración) y la segunda, igualmente tomada del euskera “zap urra”, saburra, a partir de “zap”, pisado, aplastado y “urra” desgarrado, en referencia a la “saburra”, un producto de granulometría heterogénea que se producía naturalmente en las gleras o artificialmente -como subproducto- en las canteras.
La cuestión es que en euskera, la arena tiene multitud de apelaciones según sea su volumen, estado o composición; así, desde el “area” citado, pasando por un sospechoso “læ”, que figura en la piedra arenisca y en numerosas playas, los diccionarios ofrecen nombres como “sar”, sustantivo de origen remoto y posible abreviatura de “zap har” (piedra aplastada) que se refiere idénticamente a la escoria triturada resultante de la fundición del mineral de hierro, como a la arena gruesa de río que se usaban como pavimento de las zonas de trabajo en las ferrerías y otros talleres y almacenes, siguiendo con “ondar”, “legar”…
Menos frecuente es la forma “salbe” (compuesta de “sal”, variante de “sar” y “be”, poso, localización inferior, que se refiere a una arena de granulometría fina y muy homogénea; tanto que “salbe-oren” se llamaba a los relojes de arena y “salbario” se llama aún al pez escorpión, al que le gusta enterrarse en la arena de aguas someras, mientras asoman sus espinas venenosas, que no pocas veces son pisadas por bañistas. Imagen.

La explicación del nombre de este pez: “salba”, arena suelta y fina y “ario”, gusto por…; esto es, que gusta de enarenarse.
En casi todas las lenguas cercanas y en la topografía de amplias zonas como la costa cantábrica se encuentran indicios de todas estas variantes cuya riqueza semántica diferencial hemos perdido, pero que han quedado fosilizadas en algunos lugares destacados, aunque el urbanismo desaforado de los dos últimos siglos haya desdibujado sus formas y características originales.
Se trata de lugares que se llaman Salve, La Salve, Salvé e incluso Sable, Sablón y Sablín.
Para el elemento físico “area”, que es así como lo llaman los gallegos; “areia”, los portugueses, “sorra” los catalanes, “sable” los franceses, “sabbia” los italianos, “nisip”[1] los rumanos e incluso para el “sand”, principalmente los ingleses, daneses, suecos, noruegos y alemanes y “zand” los holandeses, también hay explicación.
Los etimologistas germánicos explican su “sand”, procedente de un imaginario “sandam” proto germánico que han deducido lingüísticamente, aunque no haya evidencias de su existencia y han de colocarle un asterisco, mientras reconocen que no son distinguibles “sand” y “gravel”, dejando abierta una alta probabilidad a que el “sab-sar-sal-san” vasco sea la verdadera fuente de todas las variantes.
Como ejemplo de salve, un lugar de la ría de Bilbao llamado La Salve, hoy zona urbana neta con densa edificación, paseos y jardines, lugar que otrora fue un gran meandro del estuario que se “cortó” con un muelle recto comenzado ya a finales del siglo XVI y que se llamaba así por sus arenas finas que resultaban equilibradas y estables por la compensación entre corrientes fluviales y de marea.
En el trozo de mapa siguiente se han recreado con borde amarillo los dos brazos curvos que formaba la ría entre los puentes del Ayuntamiento y La Salve y que las grandes obras de la época citada y posteriores, fueron rellenando de escombros tras consolidar el tramo recto central que quedaría como canal de navegación, mientras se conseguían casi treinta hectáreas de suelo de la “isla” central para transformar a largo plazo en ciudad y negocio.
Esa isla central era “salbe”, el banco de arenas estables sobre el que se edificó una trama urbana conocida también como “Campo Volantín”.

Es posible que el tramo más largo -en la margen derecha-, se llamara “Gola andi”, donde “gola” era la denominación común en toda España, para los desagües de lagunas costeras, albuferas y ríos cegados por arenas. “Gola”, relacionada con el euskera “kol”, vaciado, drenaje, solía virar con frecuencia a “bola”; así, la Playa de La Bola en Neguri, era en realidad “la gola” de las lagunas que formaba el Gobela retenido por las dunas de Las Arenas.
“Gola andi” era el desagüe secundario del Nervión en “Salbe”, que fue cegado completamente para aprovechar toda la isla. De “Gola andi” se pasó a “bolandi” y tras un forzado cultural, a Volantín, según se cita a continuación, por la perpetua tentación de los etimologistas de plantear soluciones que tengan algo de mito.
En la siguiente foto de alrededor de 1860 se aprecia el muro del dique y la joven arboleda plantada en las tierras que -ya en 1591- fueron asignadas a Bilbao y que se conocía desde épocas sin referencia como “Campo Volantín”, según alguna crónica anónima, porque allí hubo una cordelería que torcía las cuerdas con un gran volante (ver en las imágenes siguientes, volante de cordelería para sogas normales y para grandes maromas).



Esa creatividad de los cronistas suele inventar relatos como el que se dice para La salve de Bilbao y otras Salves de puertos cercanos; en este caso, avalado por el Ayuntamiento de la villa, es esto lo que se ofrece:
“Históricamente, el recodo de la ría conocido como La Salve era el primer punto del recorrido fluvial donde los barcos divisaban la Basílica de Begoña (la “Amatxo” de Bilbao) tras regresar de alta mar. En este lugar, los marineros y viajeros se detenían y rezaban la oración de la “Salve” a la Virgen en agradecimiento por llegar sanos y salvos”.
Cualquiera que sepa algo de navegación, infiere inmediatamente que un barco de vela (o de cualquier otro tipo) que navegue a trapo o remolque por un estuario con corrientes, bajíos, bancos de arena y con riesgo de encontrarse con otros barcos, no puede pararse y poner a una marinería que está con la máxima alerta, a cantar o rezar. Este tipo de fantasías deberían advertirse como tales, dejando la poesía para otros momentos menos críticos. Imagen de marineros ensayando La Salve.

En resumen, es falso que los lugares llamados Salve se deban a que los marineros rezaban la Salve, siendo lo más probable, que tales nombres hicieran referencia a bancos de arena estables y consolidados.
En las siguientes imágenes, lugares costeros con nombres parecidos y bancos de arena:
La Salvé y El Sable de Laredo.

El Sable en San Vicente.

El Sablón en San Esteban de Pravia.

El Sablón en Oriñón.

La Sablera en Avilés.

Playa de El Sable en Tagle.

En Isla.

En Llanes, Sablón y Sablín.

[1] Forma más cercana al eslavo.
