El canto (aparte de la entonación de una balada) es una forma física inconfundible, el borde en que una superficie terrestre pasa de horizontal a vertical, resultando cómico que los encargados de la filología atribuyan su origen a la voz latina “cantus” que se refiere a la llanta metálica de una rueda de carro[1] y que de ahí diera lugar al canto-borde de una montaña.
Un simple vistazo al euskera de la calle aclara que “kantal” es un borde, una esquina, inicialmente de una roca, pero luego de otras construcciones o montajes; así se explica que en un país con una geografía tan abrupta como España, se encuentren cientos de lugares[2] que contienen “canta, cante, canti, canto y cantu” en cientos de entornos en los que acantilados, aristas y bordes escarpados llaman la atención. Acantilados de Sierra Salvada, foto de portada.
Se tardará en explicar los significados de tantos lugares, pero a quienes hacemos un “análisis manual” de la composición de estos nombres y -a la vez- los analizamos en el terreno, no nos cabe duda de que los grandes avances en la disciplina mal llamada inteligencia artificial y a la disponibilidad de más y más precisos datos físicos, lingüísticos, antropológicos e históricos, facilitará enormemente la asignación de significado a muchos de los topónimos relevantes, así como a elementos -como es el caso del canto- y otros cientos que se repiten en los nombres de lugar.
Este “kantal” que es de uso habitual en euskera, parece formado por la fusión de “gan”, parte superior y “talá”, cortada, refiriéndose inicialmente a la parte fundamental, el borde de un acantilado, que luego se ha aplicado a otros elementos menores.
A diferencia de esta visión “horizontal”, la voz vasca “kantú”, canto, es la versión vertical que indica que se ha conseguido lo alto por medio del sufijo “tú”, conseguir, volverse…, que aplicado a “gan”, parte superior, indica que esta se ha materializado en el borde o canto.
El latín resolvía esta cuestión con el “angulus”, como varios de los romances, pero solo el portugués, catalán, occitano y maltés usan habitualmente algo parecido a “canto”, si bien hay un par de lenguas germánicas que también usan “kant”, aunque nadie se imagina que pudiera proceder del sustrato vasco.
Unos pocos ejemplos de nombres de lugar que están relacionados con cantos:
La Peña de Lekanda en el macizo de Gorbea es una cresta caliza cuyo nombre es bien claro: “le kanta”; el borde que domina.

Peña del Canto en la Sierra de Santo Domingo, Huesca.

Pico Cabeza el Canto en la sierra de Cuera.

El Santuario del Cantonad, cerca de donde nace el río Cadagua, ha conservado el nombre original con más fidelidad que el propio pico del Cantonal, la roca visible desde el valle: “kanton ai”, “kanton atx”.

La Caldera de la Encantada en Fuerteventura, con bordes casi verticales.

Cantabrá, cerca de Andorra, en referencia al cantil que cierra por el Norte que incluso en los mapas de líneas de nivel, se aprecia que es “bravo”, esto es, con multitud de anfractuosidades insertadas en la pendiente ladera.

Cantarrana Buenavista en Granada, un cantil abrupto desde cuya cima se observa el valle con comodidad, una cima donde no cantan las ranas. En este caso “canta” se refiere al cantil y “arranas” a los arrastres de los barrancos que lo orlan.

El Cerro de Cantabria en Cádiz, modesto pero atrevido en una zona muy llana, de antiguas marismas, atestigua que la voz aparece en toda España.

En la sierra asturiana de Muniellos, en una ladera con una pendiente soberbia, una zona se llama “Malcanta”, donde “canta” es el cantil y “mal”, la cuesta insuperable.

En el oriente de Córdoba está la Sierra de Vizcanta el origen probable de su nombre está en los cantiles de similares pendientes que presenta la sierra a Este y Oeste: “biz”, de dos, “canta”, bordes.

1 Este tipo de explicaciones absurdas son muy frecuentes porque en los ambientes de exaltación del latín hay agentes que -a la vez que ignoran absolutamente la existencia y el potencial del vascuence- creen firmemente que la lengua del Latzio es el fundamento de las llamadas “latinas”.
[2] A poco que se busque aparecen por centenares, variantes de canta, como cantariña, cantares, cantadores, canta milano, cantabria, cantalavacía, cantalar, cantal, cantalá, encantado, encantada, cantaroz, cantabrá, cántabras, cantabria, cantalucía, cantarabá, cantaravacía, cantarilla, cantalar…, quizás no tan abundantes los que contienen “cante” y “canti” y muchos cantos, cantonales, cantorales, cantorrales, calicantos, tirocanto, cantons, riocantos, cantopán, cantorillas, cantorero, cantocerrado, cantozal, cantozanos, cantohincado, cantones, encanto, cercacantos, cantora, cantonad, valdecantos y Canto/Cantos, con más de cien complementos, así como una cantidad parecida de Cantu con los consabidos atributos accesorios añadidos…

Gracias maestro. Y en Alicante tenemos el monte Benacantil, cuya raíz también la tenemos en la misma ciudad.