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Jarama

Jarama es -sobre todo- el nombre de uno de los ríos de la vertiente sur (o Tajo) del macizo central, siendo derivados suyos y casi todos contenidos en su cuenca, la mayor parte de otros nombres de lugar[1] o de poblaciones que se encuentran en la geografía.

Hay algunos casos más septentrionales, como un Arroyo del Jarama en la comarca de Villadiego o más meridionales, como una colina llamada La Jarama en Málaga.

Su nacimiento -al pie de la Peña Cebollera, en la parte serrana que ya se llama Somosierra, dista unos diez kilómetros hacia el este de la fuente que da origen al Jaramilla, su primer afluente, bajando ambos desde más de dos mil metros hasta la zona de Patones a unos setecientos, en un recorrido de algo más de cuarenta kilómetros, lo que supone una pendiente considerable a efecto de erosiones y arrastres, inclinación que cambia radicalmente al llegar a ese pueblo.

En lo que a etimología se refiere, ni hay acuerdo ni las soluciones sugeridas están soportadas por condición física o histórica alguna; una de las corrientes, la que ve indicios indo europeos por todas partes, relaciona el nombre con una de las supuestas denominaciones de la corriente o el flujo en ese proto idioma imaginario: “Sar”, postulado que tiene dos grandes carencias, la primera, que los ríos se bautizan por elementos, características o fenómenos en su cuenca; especialmente en la zona de nacimiento y no por el hecho de que el agua fluya, que lo hace en todos.

Además, no explican la coda “ama”.

Otra de las tendencias se va al árabe; mejor dicho, al bereber o thamazig, basándose en que, durante la Reconquista, un buen tramo sirvió de frontera entre los beligerantes. Esto es poco consistente, porque en esta lengua, a la frontera se le llama “erme hallez” ó “tilisa”, ambas formas muy lejanas del nombre Jarama conservado de lugares y poblaciones.

Aquí se plantea que el nombre es -como en el caso del Lozoya- una explicación de uno de los fenómenos sedimentarios que se dan en su curso.

Se decía arriba que tras bajar mil trescientos metros, el río se serenaba y este cambio de régimen implica que la carga (arenas y gravas) más pesada, que una pendiente fuerte permitía arrastrar, se depositaban formando una primera gran llanura de decantación, proceso que se desarrolló en la reciente Era Cuaternaria

Esta llanura es la amplia y alargada vega de más de 25.000 has. en el sentido de los meridianos, que comprende Patones, Uceda, Torrelaguna, Talamanca, Valdetorres y Valdepiélagos, llegando hasta Fuente el Saz y a la que se le podrían incluir otras llanuras aluviales desgajadas de ella en épocas anteriores.

En esa zona abundan las referencias a la arena o los arenales como Los Arenales y Valdearenas. Ver segundo mapa.

 

Desde la recepción del Guadalix, las vegas están muy alteradas por la construcción de grandes infraestructuras como el aeropuerto, que interesa a más de diez kilómetros de antiguos arenales y zonas aluviales y tras el estrechamiento al recibir al Henares, el entorno del Jarama está plagado de charcas y lagunas que son testigo de antiguas extracciones de arena (ver la laguna de Soto Rodriguez en la imagen de portada) que se alternan con fincas de regadío, morros acantilados y zonas urbanas, mosaico que sigue combinando caóticamente esas modalidades con las numerosas infraestructuras y construcciones activas o abandonadas hasta llegar al Tajo, pero que demuestran que durante más de un siglo se han extraído para la construcción millones de toneladas de áridos fluviales, hecho que apoya la tesis que se plantea a continuación.

El caso es que en algunos dialectos del euskera aún se conserva “sar” como denominación de la arena gruesa de río, objeto que complementado con “ama”, el mayor, lo mayor, significaría “mayor generador de arena”, fenómeno de decantación progresiva que en los sucesivos cambios de régimen del río, ha dejado inmensos bancos de arena, comenzando por el conjunto Jarama-Jaramilla y la llanura que se inicia en Patones y continuando con las sucesivas vegas hacia aguas-abajo, por  lo que el nombre del río sería una descripción de la dimensión de los arrastres que tuvieron lugar en épocas prehistóricas, porque tal nombre es muy anterior a la influencia romana o árabe.

El proceso de modificación fonológica es elemental y partiría de “Sar ama”, el más arenero, como llamaban los nativos iberos al río, para dar en “Xarama” y Jarama, forma que ha perdurado estable desde hace cuatro siglos.

[1] Altos del Jarama, Arroyo de Jarama, Belvís, Fuente el Saz, Paracuellos, Rivas, Talamanca, Torremocha y Valdetorres de Jarama

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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