Hace unos días, la divulgadora latinista que firma como Linguriosa, elegía como palabra a explicar desde el latín, “uebos”, voz arcaica y desusada en castellano, relacionada antaño con algo querido o necesitado, pero escrita sin hache y con be, para desligarla de los huevos de las aves (y de los cojones) como idea de imposición y explicándola con una convicción radical desde el latín “opus” (brega, curro, obra, trabajo, tarea…), aunque nadie que maneje estas cuestiones con lógica vea facilidad del salto “opus” a “uebos”, ni comprenda que puede tener que ver cualquiera de las varias acepciones que alberga “opus” en latín, con lo querido o necesitado: “uebos me es”, o me hace falta, lo quiero…, ¡nada!.
Esta charlatana[1] se limita a repetir lo que dice la RAE escuetamente, tenga o no tenga visos de certeza (ni siquiera de cercanía a lo real); una RAE que hace meses ha criticado Arturo Pérez Reverte por su connivencia reciente con el “todo vale”, relajando su acción normativa ante presiones externas y manifestando una creciente pérdida de autoridad, crítica que es infinitesimal en lo sintáctico si se compara con las explicaciones etimológicas que firma la academia, desastrosas en un elevado porcentaje y alevosas en su totalidad por no contar con el vascuence, sustrato lingüístico de una gran área suroccidental europea y esencial en la arquitectura semántica, no solo del castellano -con el que ha convivido miles de años-, sino con el latín y las que llamamos lenguas latinas. Imagen de portada.
En lo que a “uebos” como necesidad o querencia se refiere, Antonio de Nebrija ya lo excluía en su obra recopilatoria del siglo XV, en la que si estaba “uebra” con el significado de trabajo o actividad de un periodo o un sistema.


La última aparición manuscrita de “uebos” se registra a finales del XIII, por lo que no es extraño que solo suene a quienes manejan textos antiguos o a quienes conocen el euskera arcaico, no el que se ha hecho oficial en los últimos sesenta años, ni el de los diccionarios benditos por la Academia Vasca de los que se ha retirado el verbo “gure” (apócope de gurendu”, precisar, necesitar, querer…) aunque se hayan mantenido sustantivos como “gura, gurari”, deseo, antojo…

Quien desconoce esto, no puede saber que en el condicional de este verbo, “gurebok” (si lo quieres, si lo precisas…), la “k” final pasa con facilidad a “z” y la “g” inicial se diluye como la “r” para dar “ueboz”, término que antes de esas fechas era probablemente muy recurrido por las personas que conocían castellano y euskera, así que nada de grandes saltos por encima de la lógica y la coherencia, sino una hibridación de gran valor semántico que la RAE con sus pretensiones imperiales y los esbirros que la siguen sin un mínimo de ejercicio crítico, están robando a quienes quieren simplemente, saber.
[1] Charlatán no viene de Italia, sino de la combinación del adjetivo vasco “txar”, malo, deficiente y el sustantivo “elea”, lenguaje, forma de hablar: “Txarelea”, charla; mal lenguaje.
