Es probable que algún día se descubran nuevos detalles sobre la pesca, como se descubrió hace una treintena de años en la cueva Sakitari de Okinawa esta concha tallada hace 30.000 años que era parte de un pequeño anzuelo de pesca.

Desde entonces se han descubierto más anzuelos tallados en huesos, marfil, madera o forjados en metal en Timor Oriental, en Nueva Irlanda de Papúa Nueva Guinea, en Israel, cerca de Belgrado, Makau, Honolulú y muchos más lugares, cubriendo completamente desde el paleolítico medio hasta la actualidad, lo que indica que el pescar a mano era una actividad muy recurrida y que se sabían tallar anzuelos y arpones, como sabían fondear -los primeros- y sujetar en astas firmes los segundos.
A partir del manejo del cobre, plata y oro, parece que no ha habido dificultad para hacerlos de metal, aunque solo se han encontrado algunos de bronce.
Aquí en el Cantábrico se han encontrado partes de arpones y lanzas, pero no anzuelos; no obstante, la aparición de un otolito de merluza en estratos de la cueva de Santimamiñe de hace 9.000 años, indica que quienes merodeaban esa zona, sabían navegar hasta unas ocho millas y tenían aparejos para pescar en doscientas brazas, profundidad a la que se encuentra esta especie, siendo obvio que disponían de algún tipo de anzuelo.
Su nombre común y general en euskera, es “amu”, voz que suena idéntica a la designación de un gancho, eslabón de cadena o anzuelo en latín, “hamus”, por lo que en cualquier etimología que se busque, se cierra la cuestión con semejante sentencia y brevedad: Del latín “hamus”.
En el entorno europeo hay varios grupos de nombres para este objeto, nombres que suelen englobar con cierta frecuencia al gancho, como lo hace el latín.
Del tipo “hook” están el alemán, inglés y los de allá el Indo, como el bengalí, gujarati, nepalí…
Danés “krog”, que suena “kou”, el finlandés, el francés, irlandés, islandés y noruego.
Bálticos, el estonio “konks” que suena “kontx” y recuerda a las conchas.
Parecidos al griego “ankistro”, están el albanés y el hindi.
De la serie eslava “kryuk”, el bielorruso, búlgaro, ruso y serbio.
Checo “hachek”, el eslovaco y polaco.
Del tipo “gancho”, el corso, gallego, italiano, maltés, portugués…
Parecidos al vasco y latín, solo el catalán.
Sin otros similares, cierran la lista el húngaro “horog” y el rumano “carlig”, así que al no haber nada parecido al anzuelo castellano, los etimologistas, en vez de prospectar el significado de la raíz “am”, han seguido la estela que marcara Covarrubias (ver facsímil) y partiendo de un supuesto diminutivo de “hamus” -gancho- “hamicellus” en sus imaginarios proto romances, lo han forzado a “hamiciuolus”, ganchito, deformándose a “amocelo”, “amucelo” y anzuelo….

Disparate soberbio el pensar que el gancho metálico de la industria y de la construcción fue antes, ¡mucho antes! que el minúsculo anzuelo de concha, de marfil o de espinas que se sabe fue usado hace treinta mil o más años, lo que indica una dependencia radical de estas personas respecto de la idea directriz de que de los imperios y la grandeza llegó la inteligencia.
Sin embargo, por mucho que se escriba a favor de los imperios, primero fueron los anzuelos y más tarde, mucho más tarde las grúas y los ganchos para hacer monumentos.
Es importante en este proceso de abstracción, saber que la raíz “am” en euskera, centra un montón de verbos, elementos y situaciones relativas a la unión y la fijación, como el verbo también castellano, amarrar (“am arrá”, fijación macho o rígida), amor (“am or”, atracción elevada o sublime), amigo (“am igu”, atracción sorprendente), ámbar (“am bare”, atracción leve), amante, cabo de soporte del botalón, (“am and e”, sujeción grande) o el propio anzuelo en euskera, “am u”, sujeción crecida, que muy probablemente dio lugar al “hamus” latino y al “ham” catalán.
El que no haya en latín ni romances nada parecido al anzuelo, obliga a revisar el euskera, donde al verbo “antzitu”, antes probablemente “antzütu”, que significa coger, asir, agarrar, prender…, si se le priva del sufijo verbificador “tu” y se sustituye por la desinencia “elo” que equivale a remate, consecución, se tiene “antzüelo”, voz compacta que indica que este elemento, prende y sostiene la presa y las elucubraciones de siglos para buscarle un padrino han sido tan peregrinas como las obsesiones de la cultura clásica, un empeño de resumir la aventura humana a un paseo de tres mil años.
Imagen de portada, lubina prendida en el anzuelo.
