”Yé” es un diptongo y una sílaba con mucha personalidad, que suele permanecer invariable a lo largo de los siglos en los lugares que conservan el sonido integral, aunque a veces y por caprichos de la ortografía, figure como “ié” y también como “lié”, “nié”, “llé” o incluso, “ñé”.
Puede que no sea casualidad que “ié” en euskera valga como paso, pasadizo, transecto…, porque entre los cientos de lugares analizados que lo contienen
Al comienzo, al final y –a veces en medio- hay muchos más lugares de los que a primera vista pudiera pensarse que tienen este morfema, por ejemplo, Yécora, Yébenes, Los Yébenes, Yéspola, Yésero, Yércoles, La Yércole, Yémeda, Yélamos, Yéchar, Vayéu, Fayéu, Truyés, Sabayés, Mayés, Oriyés, El Guayén, Cayés, Alfayé… Más aún son los que llevan las otras cuatro formas: Besapié, Aniés, Liétor, Piédrola, Piérola, Tiétar, Ciébana, Vicién, Biniés, Piniés, El Baié, Guadalpié, Guardapié, Hincapié, Iniéstola, Laguniés, Lavapiés, Mirapiés, Niévares, Padiérniga, Piélago, Piélagos, Priélago, San Lorién, Sandiniés, San Diniés, San Climién, San Bruniés, Setién, Urriés, Uviéi, Viérnoles, Liédena, Liébana, Valcalién, Llémena, Piedra Llé, Orllé, Castilfollé, El Almiñé…
Yébenes y Liébana ya se han tratado en otro ensayo y ambos se relacionaban con pasos a través de sierras o caminos de conexión de tierras bajas y altas. Ahora se van a elegir dos o tres de los más conocidos entre los citados arriba.
Yécora es una aldeíta de Larrioja Alavesa que se sitúa al Sur de las sierras de Cantabria y Toloño, una zona de casi 4.000 hectáreas que tiene unas condiciones ambientales parecidas; en efecto, desde La Bastida al Oeste hasta Espronceda, ya en Navarra, todo el territorio entre las sierras citadas y el río Ebro, tiene una morfología parecida: El antiguo glacis de un nivel superior del río ha sido “rasgado” por numerosos arroyos que van de Norte a Sur, manteniéndose generalmente paralelos a unos 2-3 kilómetros y dejando entre ellos unas lomas o interfluvios alargados en los que se ubican las poblaciones y por los que van las carreteras secundarias. Mapa del entorno general.

Yécora no es una excepción, asentándose en las cotas más altas entre los arroyos Vinaspre y de los Pozós u Oión, cuyos cauces se encuentran doscientos metros por debajo de la población, que es punto de concentración de los pasos transversales para un tramo bastante largo de loma.

La ausencia de elementos singulares en la propia Yécora o en su entorno, dominado por majuelos, labrantíos, algunos olivares y almendros, pero sin grandes relieves, afloramientos, etc., lleva a sugerir que su nombre tiene que ver con que es un punto elevado del paso entre barrancos: “ie gora”, esto es, el paso hacia arriba.
Yéchar es un nombre que se repite al noroeste de Totana y que inicialmente era el nombre de una corta y abrupta rambla que se ha marcado en rojo y que después se extendió a su cono (Llanos de Yéchar), a un gran cortado (Rincón de Yéchar) y a varios puntos a uno y otro lado de la propia rambla.


En el trozo del primer mapa se ve el singular pueblo fortificado de Aledo que dista unos 7 kilómetros de Totana que está en plena vega del Guadalentín y que –probablemente-, antes de la pacificación ya en la época moderna, tendría en Aledo su lugar de retirada en caso de emergencia. Como se aprecia en la foto, Aledo es un lugar inexpugnable, cuyo acceso natural desde Totana se realizaba originalmente siguiendo los cauces más o menos variables de la corta rambla de Yéchar, lo que se puede apreciar a grandes rasgos en el primer trozo de mapa y en detalle en la orto foto que va a continuación.

En el mismo primer mapa, a uno y otro lado del cauce principal de la rambla, aún se pueden observar trazos de un camino de herradura plasmado en blanco y un poco más abajo otro camino, ya carretero que se presenta en amarillo y se ve tanto en plano como en la fotografía, que enlaza o aprovecha tramos del antiguo camino blanco.
Sus características seguían siendo insuficientes para la movilidad mecánica, por lo que finalmente se trazó la carretera verde, mucho más larga y generosa, que resolvió definitivamente el enlace de la ciudad de la llanura con su castillo montano.
“Yé txar” indica con inmejorable precisión, “transecto malo” y es evidente que el camino inicial sería corto pero malo por su pendiente, condición de abrupto e inconsistencia de las faldas de la rambla que por eso tomó el nombre de su función de enlace o acceso.
A veces, los pasadizos no lo son para cruzar montañas por grietas o puertos, sino para recorrer cornisas que ahora nos pueden parecer inverosímiles, pero en la prehistoria pudieron representar atajos o vías estratégicas.
Es posible que este caso se de en el noroeste burgalés, en la meseta rocosa que hay tras Peña Amaya, donde cien metros más abajo de la cumbre aflora un potente estrato calizo horizontal que forma una balconada sobre la que se lucen unas arcillas rojas muy compactas que han dado parte del nombre a La Yércole, Yércoles, donde “y é” es el corredor o pasadizo, “er” aporta la idea de error, equivocación y “col” es la alteración de “gol-gor”, rojizo: El falso corredor rojo.

Otro caso bien diferente es el río Tiétar, que los sabios no atinan a descifrar, provocándonos sonrisas a los independientes sus tímidas sugerencias de relacionarlo con gallinas –por aquello del indoeuropeo, ese invento descarado, donde “teter” se refiere a gallináceas- o con tétrico para uno de los ríos más joviales que he recorrido, río que recibe innumerables gargantas con grandes piedras rodadas de varias toneladas de la sierra que le protege de los fríos del Norte…

Este río, en sus 150 kilómetros, lleva una suave pendiente desde el Collado de Puerto Real en la sierra madrileña hasta el centro de Cáceres donde se entrega al Tajo en el Parque de Monfragüe tras correr un tramo superior paralelo a la Cañada Real Leonesa, no sin tener que desviarse algo de la ruta antigua por la inundación de los embalses de Rosarito y de Torrejón, este ya, llegando al Tajo, pero constituyendo un camino ancestral digno de ser mencionado.
Su etimología debe estudiarse partiendo de sus componentes “ti ié zar”, sometidos a lo largo de milenios a evoluciones muy conocidas como una compactación y al ensordecimiento de la “z” a “t”.
“Zar” es el adjetivo que indica antigüedad, “ié” es el trayecto y “ti, un prefijo que indica adecuación o conveniencia; en resumen, Tiétar, “el antiguo camino recomendado”.
Otro río de la cordillera central muy conocido y que tiene que ver con un pasadizo o camino, es el Jerte. El Jerte de los cerezos y de las pozas, que baja desde el Alto de Tornavacas en el extremo occidental de Ávila hasta los alrededores de Plasencia, donde se une al Alagón (del Tajo), tras unos 80 kms. de recorrido.
En la zona, algunos estudiosos más devotos de los musulmanes que de los iberos, aseguran que su nombre es y suena a moro y significa, bien “Valle angosto”, bien “Aguas cristalinas”.
El valle no es en absoluto angosto (ver foto de promoción), aunque sus aguas si son cristalinas (como en todos los arroyos de la zona, en las cotas altas), pero esas dos opciones suenan en Árabe tan distintas a su bello y corto nombre, que no merecen crédito: “Alwadi aldiyaq” y “Miah naquiate wuduhashamsi”, contra “ié erte”, ya que este es su nombre primitivo.

“Erte” indica centralidad, así que “ié erte” significa pasadizo o camino central, en referencia a la localización central de paso de esta cordillera hacia el Sur, cadena de montes que continúa en Portugal en la Sierra de la Estrella, donde el siguiente paso es el camino de la “Nave de Santo Antonio”.
Entre otros muchos, es oportuno comentar la localización de Liédena (nombre alterado reciente y arbitrariamente por la Academia Vasca a “Lédea” que nada significa) en el surco que abre el río Irati entre las sierras navarras de Izko y Leyre, su etimología es clara a partir de “ié den a” que viene a ser “el camino equilibrado”, en probable referencia a las cañadas que enlazaban el Sur con los valles navarros de Aeskoa y Salazar y la equivalencia en realizar el tramo del cañón de Lumbier por el río (GR-21) o subiendo la ladera por la senda en blanco marcada con una flecha.

Aniés, cerca del monumental Loarre y su castillo exento, en Huesca, es sede de otro camino importante, el lugar por donde la cañada conocida como Cabañera Real o de Rasal (en el mapa, con trazos), sube a la Sierra Caballera, parte oriental de la de Loarre, dividiéndose ya arriba en dos ramas, la de las ermitas y la verdadera.
Además de las rutas largas, Aniés se caracteriza por tener una red de sendas o caminos pedestres de belleza e interés difícil de superar, sugiriéndose que el nombre se inicia con “aní”, fonema que solo o repetido (“aní-aní”) es la expresión de pasear o ir a pie y continúa con “ie” fundiéndose en “anie” y terminada en “z”, indicador de modalidad, queda Aniés que se puede interpretar como “sendas de a pie”.

No se puede terminar este recorrido sin mencionar a la Yecla (otro día serán otras Yeclas) del desfiladero burgalés que el río Mataviejas ha trabajado durante milenios colándose por una falla en las calizas y conservando un nombre que no puede ser más claro y neto: “ie kala”, el transecto profundo, pasillo de pocos metros de ancho y de hasta cien metros de profundidad.
Ver imagen de portada.

El otro día en una de tus respuestas hacías mención a Ávila e indicabas que no había nada que cambiar lo que hace algún tiempo habías escrito en ukelele. Como no nos acordábamos de haber leído nada sobre Ávila hemos vuelto para aclarar nuestras ideas. La posición del Cabezo hace muy posible y lógico que fuera lugar de descanso y refugio de rebaños. Pero buscando resulta que he encontrado uno de los pueblos en dónde tenemos un muy buen amigo en Lanzarote que también se llama Ye. Evidentemente es un pueblo con cuesta por los dos lados de la carretera de acceso tanto si vas de norte a sur cómo viceversa. Siempre nos había llamado la atención este nombre y no teníamos ni idea que también fuera un topónimo euskérico. Ya le he hemos mandado tu escrito a nuestro amigo.
Saludos y gracias
Gracias a vosotros por vuestro afán en investigar y por no despreciar ningún recurso.