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Mástil, astilla, astillero.

Casi todo el mundo sabe que se llamaba mástiles a los postes que se armaban sobre las embarcaciones para soportar la jarcia, las velas, banderas y señales, para improvisar grúas y más tarde para las antenas de comunicaciones.

(Los barcos de ahora ya no tienen verdaderos mástiles.)

Lo que probablemente no sepa la gente, es que la raíz “mast” está presente con la idea de poste o palo en las lenguas germánicas, en las bálticas y latinas, incluso casi todas las védicas, con solo excepciones en catalán, en alguna de las de origen celta, en el griego y el propio latín, donde se dice “malus” ó “arbor”. Las explicaciones de los sabios no han cambiado desde hace medio siglo, cuando Corominas, copiando a sus colegas franceses, admitía que en el “antiguo” o “bajo fráncico”, existió un “*mast” que no han conseguido encontrar escrito, pero que quedó en lenguas germánicas y que en francés hizo “mât” y de ahí lo tomaron el castellano, euskera, gallego, etc.

Los gabachos aún insisten en que ese elemento tuvo que derivar de otro – que tampoco han encontrado- del proto-germánico “*mastaz”, a su vez derivado del proto-pre-indoeuropeo (no encontrado aún) “mazdo” (vástago, pértiga…).

Así funciona esta rama de la lingüística, que -ni siquiera- echa una ojeada al vasco, lengua que en su forma arcaica tiene muchas de las claves que resolverían cadenas de problemas que llevan siglos rebotando de departamento en departamento y sin visos de salirse de ese vórtice.

Ese vástago que se cita de pasada y que en bibliografía se quiere que sea una voz nacida del “bastum” del “latín tardío” (latín que nunca existió), tiene las componentes vascas “bæ”, abajo, “has”, crecer; junto con “ta” el participio de este verbo y “go”, lo alto: “Bæ hasta go”, lo que crece da la base hacia arriba.

Pasa algo parecido con el bastón, resultando cómica la explicación oficial de su origen “culto” a partir del griego “βαστάζειν” (“bastalein”, ellos llevan) para evitar recurrir al latín vulgar “bastum”, que no se lo cree nadie, porque se origina en “bæ asta” crecido desde abajo y para tamaños mayores resulta “bæ asto oi”, habitualmente gran crecimiento desde la base y su evolución a “bastón” (ver en Eukele, de “oi” a “on”).

Los bastones obtenidos de los vástagos o chupones arbóreos que surgen en olivos, avellanos y castaños, pero también en tallas mayores en fresnos, chopos y hayas “trasmochas” como las de la siguiente imagen, tenían cuatro cualidades que no poseen las demás ramas arborescentes: Son absolutamente rectilíneos, largos, apenas tienen ramificaciones ni nudos y su madera es muy resistente, homogénea y a la vez dócil y apta para ser trabajada con poco esfuerzo.

Otras líneas como la funcionalidad dan aún más información; así, aunque en las últimas décadas se han perdido infinidad de acepciones dialectales, en Bizkaia aún se llama “azta” al mango de las herramientas o a la lanza del carro, elementos rectilíneos que, más o menos labrados, se empotran en una masa mayor para manejarla.

Igualmente, “masta”, a veces completado con “palo” para dar “mastapalo”[1], es en todos los ambientes marineros vascos, la denominación de los elementos que integran la arboladura de un barco (inicial y originalmente, de vela). “Ma” es la raíz aumentativa límite y “azta”, el fuste destinado a ser empotrado sobre la quilla y calzado entre los “baos” de la cubierta, así que nadie duda que el sonido “masta” se refiere al palo mayor, resultando absurdo que se dé pábulo sin una discusión previa a las propuestas germánicas y al itinerario a través del francés, cuando el euskera aporta una docena de argumentos coherentes.

Asimismo, “mástil”, compuesto por “masta” y la raíz adjetival “til”, aunque no se use en euskera, es sinónimo de construcción o formación elevada y también de la idea de colgar o estar suspendido, formando con la aféresis de la “a”, “mástil”, palo como el de la imagen de portada, formado por varios “masteleros” o bastones empalmados para conseguir una gran altura.

En cuanto a la insignificante astilla, los argumentos ideológicos de rasgos latinos inundan e invaden cualquier intento de evaluación razonada. Uno típico es el irse a lo que llaman “latín tardío”, ardid en lo que era un experto Joan Corominas e inventarse una “astëlla” que debería haber derivado de “asüla”, derivada a su vez de “assis”[2], tablilla escuadrada… Los demás etimologistas latinos gustan de estos malabarismos y explicaciones increíbles que siguen copando las enciclopedias.

Uno de los sufijos diminutivos más recurridos en euskera es “illa”, raíz que siguiendo a “azta”, en este caso con valor de palo o rama ligeramente trabajada, de “aztailla”, con sonido “astilla”, palito residual.

Imagen de “aizkolaris”, con el suelo lleno de astillas y “sotx palak” (las mayores).

 

El astillero como lugar en que se labra la madera y se generan astillas, figura ya en castellano hacia 1.100, pero apenas usan formas parecidas el vasco “astilleri”, el gallego y portugués (“estaleiro”), siendo radicalmente distintas las demás latinas, las germánicas, celtas bálticas, eslavas y las de allá el Indo.

Astillero al aire libre hacia 1860 en Bilbao.

La deriva ignorante de los entes culturales y la Academia en particular, ha llevado a que en todos los diccionarios y en las formas oficiales de euskera se llame “ontzi ola”, “untzitegi” a los lugares de construcción naval, infringiendo dos leyes fundamentales; la primera, que “ontzi” es un recipiente, algo para contener en su interior, no para aislarse del exterior, como una chalupa y que si “…tegi” puede aceptarse como “lugar de…”, “ola” es un recinto o cabaña, edificio que no se aplicó a la construcción naval hasta la era industrial. Ver imagen del siglo XIX en Bilbao Abando, astillero típico a la intemperie.

[1] Otras formas de construcción naval, son “masta, masta-bakar, mastaburu, mastadura, mastagoibe, mastatu, mastaxka…”,

[2] Voz en absoluto común en latín y que hay que recurrir a grandes diccionarios especializados para encontrarla.

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Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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