Si buscas su origen en fuentes oficiales, verás que se refiere al “cartoccio” italiano; que éste se relaciona con el “chartes” griego que se cree egipcio y relacionado con los papiros; en resumen, la “charta” latina se cree proceder del otro lado del mar.
Al cartucho se le llama de forma muy parecida en todas las lenguas latinas y en el euskera (“kartutxu”), pero no así en griego, donde le llaman “fysingio”, poniendo en duda que el material sea el origen del nombre.
En la literatura española no aparece el cartucho hasta finales del siglo XVIII y lo hace referido a temas marciales y -concretamente- al hecho de poder ser un recipiente para contener fulminantes, explosivos y metralla. A partir de entonces es muy frecuente para estos y otros usos.
Siendo un argumento importante que el papiro, papel, estraza o cartón con que se fabricaran, tuviera su importancia, el recurso al euskera abre otras posibilidades más relacionadas con su función que con el material que lo compone; así, “kar-gar” es la raíz verbal del transporte, la que impone la idea de movilidad y la posibilidad de manejar y dosificar una masa.
“Tu” es la desinencia verbal de la acción y “uts” indica vaciedad, potencial de ser cargado, esto es, un recipiente y la “u” final sugiere una dimensión pequeña, algo manejable, así que “kar tu uts u”, equivaldría a “recipientito para transportar”, una definición tan plausible como la del papiro, pero más universal.
Imagen de portada, cartuchos de grasa consistente.

Fascinante, tiene mucho sentido.