El dominio lingüístico germánico asegura que las provincias de los Países Bajos llamadas “Holanda”, recibieron su nombre de la voz neerlandesa “holt”, selva y de la germánica “land”, país, pero no hay un consenso universal, aunque los que lo ponen en duda ignoren el potencial del euskera, donde “landa” es un amplio terreno peri plano y “o” un aumentativo de uso frecuente tanto al final como antes del sustantivo a calificar, con lo que “o landa” equivale a explanada grande, calificación que en entornos montaraces ha de ser tomada como una magnitud solo “relativamente grande”.
Lo que no es fácil de explicar, es que comiencen con hache.
Porque la Toponimia española tiene muestras de lugares remotos en los que en medio de terrenos muy irregulares hay planicies destacadas que se llaman “Llano Holanda”, como esta de Jaén al oriente de la Sierra Mágina, que las curvas de nivel anuncian como bastante plano:

O La explanada del cerro denominado Olivos de Holanda en Cáceres, también relativamente plano.

O la cima plana del Cerro Holanda en Arenas de San Pedro.

Y el llano de Solanda en los regadíos del centro de Mallorca.

Lugares cuyos nombres tiene una atestiguada antigüedad y se distinguen bien de otros recientes como La Pequeña Holanda en Cádiz o los de naturaleza eusquérica no tan arcaicos, sino de época agraria, como Bengolanda, Biolanda, Goikolanda o Zaracolanda, circunstancia que nos lleva a dudar de que la propia Holanda derive de “Holtland” (país selvático) y no de “u landa”, plano inundable. Imagen de portada.
