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Mendrugo

Acabo de sacar del bolsillo de mi buzo un mendrugo que ha sobrado de mi premio matutino a los tres perros y al burro de casa por acompañarme en el recorrido de revisión de la cerca que da al camino.

Los cuatro esperan este mísero regalo como si fuera algo extra, así que me he ido a ver que dice la ciencia oficial sobre este chusco de pan, temiéndome algo increíble.

Imagen de portada, “Gorri” agradeciendo el mendrugo que le acaban de dar.

Primero, Covarrubias, lo relaciona con “mendicare”, porque así lo ponía Nebrija en 1495…

Luego, la academia, conforme a medias con esta relación con la mendicidad, se siente obligada a elevar la intelectualidad de una explicación tan somera y relaciona mendigo con el árabe “màtruq”, tocado, señalado, casi “intocable”, un mendigo de baja clase…: “matruq – mendrugo”.

Otros eruditos lo asimilan a una supuesta voz latina no contrastada, *»mendŭricus», que significaría «despojo» o «pedazo pequeño»… pero estas explicaciones se hallan tan lejos de la ilusión que veo en mis animales cuando amago darles su mendrugo, que no puedo por menos de poner en duda los artificios de los sabios de cámara y dar una opción al euskera.

En esta lengua nuestra, “mend-mendu” es el sometimiento, la entrega, la buena crianza, sentimientos todos ellos relacionados con una satisfacción natural que sienten los subordinados cuando son justamente tratados….

Aparte de esa relación social, “truke” es la idea misma del intercambio, de un comercio que puede referirse a temas físicos como intercambio de productos, como de servicios o acciones. En este sentido es muy usada la frase “musu truke” (literalmente, “a cambio de un beso”) que se aplica cuando no hay transacción económica y algo se entrega o realiza, simplemente porque se desea.

Con “mend” y “truke” se formó quizás hace milenios, “mentruke”, imagen ideal más que física que trae la idea de subordinación del receptor, que recibe encantado la golosina o caricia, llevando un mensaje sobre la función mucho más completo que lo que dice un simple objeto, porque el mendrugo es una delicia para el que lo espera de su amo o superior.

En resumen, “mend truko” sonorizado a “mendrugo” tras adoptar el “ko” de sufijo relacional, no es un triste pan mohoso para el perro ni lo que se da (con asco) a un intocable, sino algo que no solo reconforta el gusto de quien lo recibe, sino que aumenta el vínculo entre amo y siervo, dando un toque de importancia a las relaciones entre distintos.

Mi gata no se porta igual que los perros ni el burro. Se que me agradece cada regalo o mendrugo, pero ella tiene una especie de “retardo” en estas reacciones…al contrario que cuando caza musarañas o lagartos… tan ágil.

Estas son cuestiones de etología animal a descubrir; cosas tan importantes como la corrección integral de la etimología del castellano casi totalmente errada y empobrecida en los últimos siglos por no tomar en cuanta al vascuence y empeñarse en dos o tres lenguas que no son las verdaderas madres de su semántica.

 

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

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