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Tagle

Tagle está de moda porque es posible que el Cardenal Luis Antonio Tagle, reunido hoy en cónclave, sea dentro de unos días el Vicario de Cristo en Roma, ya que era muy afín a Francisco q.e.p.d.

Tagle, filipino, pero que ha conservado desde hace (quizás) doce generaciones el apellido de algún cántabro que se fuera a Manila a hacer fortuna, estuvo hace poco visitando esta aldeíta de Suances, una pedanía que las olas de los temporales salpican y que tiene un nombre tan extraño… que parece tagalo.

Tagle lleva una combinación rara de morfemas que no son abundantes en la toponimia española; bien lo seccionen como “ta – gle” o “tag – le”, porque entre los casi dos millones de nombres de lugar que se manejan, la combinación “ta-gle” está sola y sin posibilidades de contraste, lo que sugiere que está alterada.

Esto no suele ser un problema para quienes hurgamos en nombres de lugar en apellidos, documentos y mapas, porque, los paisanos por un lado y el largo proceso administrativo de nuestra civilización ha prodigado infinidad de mutaciones en los nombres y… sobre todo en las grafías con que secretarios, notarios curas y policías tratamos de controlarlos, por lo tanto, es casi seguro que “tagle” sonaba ya así en el siglo XVIII y si en Cantabria se ha conservado, en Filipinas, donde suena a “ta ga lo”… pues, también.

Pero ¿es probable que fuera ese el nombre original de la aldea?…

Un primer análisis apunta a que no, a que su nombre era “Sable”.

Los argumentos no son sólidos, pero si abundantes: Tagle se localiza a unos 70 metros de altura en ese acantilado que presenta casi toda la costa Norte y muy cerca del mar; tan cerca, que (ver figura de portada) la llamada Playa de Tagle está a apenas 700 metros, la de El Sable a apenas 1500 y la de La Tablía a apenas 2000.

“Table, Tablía y Sable”, nombres de playa (raros los dos primeros), pero que el tercero se repite en esta costa cantábrica con variantes como “sable”, “salve” y “salvé”, en Laredo, San Vicente de La Barquera, San Estéban de Pravia, Oriñón, Avilés, Cabo Vidio , Cabo Lastres; en Tina Menor, en Isla, en Llanaes, en Pechón… pero también tierra adentro desde Los Monegros a Caderechas en lugares donde las peñas “blandas” se han dejado mecanizar por la intemperie con formas regulares, generalmente cóncavas… Imagen de portada.

Rebuscando por los países cercanos, Tagle ni Sagle tampoco existen en Francia, Italia, Portugal ni Malta; en cambio, “sable” es muy abundante en Francia, donde significa “arena” y también en España, donde aparece una veintena de veces, cinco de ellas, playas; además, Bajo de los Sables en Lanzarote, restinga El Sable a barlovento del Cabo de Peñas, en la gran playa de Oyambre…

Pero ¿hay alguna relación entre el sable, arma de guerra, el sable que en el cantábrico parece describir a playas arenosas y el sable que en heráldica indica un tipo de color negro?…

Puede que la única respuesta esté en el euskera, donde “sabel” es una voz con varias acepciones; una de ellas es la forma arqueada, otra es el útero (“za bel”, literalmente piel oscura, negra, lo que coincide con el planteamiento sobre las martas cibelinas cuyo nombre también procede del vasco) y también suele describir algo hinchado, cedido. Tampoco se puede obviar el adjetivo “zabæl”, ancho, extenso, semánticamente alejado, pero fonéticamente cercano.

También conviene saber que “sabor” es en euskera el ripio, el árido natural de granulometría variada que se desprende de cantiles y paredes rocosas, material que durante milenios ha sido usado como lastre[1] y que los latinos copiaron en su “saburra”, que no saben explicar

Dejando el sable heráldico para otra ocasión, aunque todo apunta al “bæl”, negro, copiado por el “mel”, “melanus” griego, veamos que dicen los hipercultos del sable de guerra.

Como todos se copian, lo único que se puede sacar de bibliografía es que hacia el siglo XVII, los franceses lo copiaron como “sabre”, nombre que juran procedente del húngaro “szablya”, un machete curvo, pero esta voz se pronuncia “sabia”, no “sablia” en magiar, así que los propios húngaros desconocen de donde les llegó, siendo más probable que procediera del sustrato europeo, ya que Meillet y Ernaut ni siquiera se huelen su origen; es decir, pudiera venir del euskera que contiene los dos criterios que definen un sable, la curvatura y la hoja ancha. Imagen de sable de caballería y de una playa cantábrica.

¿Puede alguien crítico creerse lo que explican academias y blogs oficiales?…

En los diccionarios españoles no aparece hasta avanzado el siglo XVIII (Diccionario de Terreros) y aún no se aplicaba el supuesto origen húngaro que se pasteleó en el XIX y que aquí se desmiente.

Volviendo al territorio, en toda la costa cantábrica desde Olerón hasta Cabo Peñas, se repiten las secuencias “sable, salve” y sus variantes hasta una veintena de veces en lugares con playas amplias y curvas y con cantiles cóncavos que las cierran por el lado de tierra, como en la de Tagle o en la de El Sable en San Vicente de La Barquera. Imágenes.

Como resumen, la aldea de Tagle debió ser originalmente Sable, siendo frecuente la mutación de “s” a “t” y de “b” a “g”, pero muy raro que se den ambas en una sola voz. De cualquier manera, “Tagle” tiene una gran personalidad y es la muestra de que el pueblo conserva los nombres y también sus deformaciones con verdadera fidelidad.

Ahora solo falta que Monseñor Tagle sea Papa en los próximos días.

[1] Lastre, evolución de “la asta”, formado por “la”, sujetar y “astandu”, separar, disgregar, en referencia al ripio o zaborra que se desprende y de la abreviatura y verbo consecuente, “la astar” que en castellano hizo lastrar, lastre, la carga muerta que equilibraba los barcos de vela y se tomaba al borde terrestre de las playas donde varaban los barcos.

Sobre el autor

Javier Goitia Blanco

Javier Goitia Blanco. Ingeniero Técnico de Obras Públicas. Geógrafo. Máster en Cuaternario.

2 Comments

  • Como estás, maestro?

    Me he acordado de unas vacaciones de invierno que pase en Morro Jable, en la península de Jandia en Fuerteventura. Me parece muy cercano a este ‘sable’.

    Un fuerte abrazo!

    • Si, la j, g, x, s e incluso la i e y a veces, son muy propensas a confundirse, porque los signos no se adaptan con precisión a los sonidos. Ese es nuestro castigo, estar siempre atentos y desconfiar de lo oficial.

      Abrazos desde este mayo húmedo y frío.

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